Mike, el cofundador de Atlassian y representante de Australia en el evento World Entrepreneur of the Year 2007, se sentó junto a Belmiro, de Portugal, en la cena de premiación.  Mike dijo: “debo admitir que siento que no merezco estar aquí. Esto va más allá de mis habilidades y experiencia. A veces pienso que alguien nos descubrirá y nos enviará de regreso a casa”. Belmiro pausó por un momento y comentó “Me siento exactamente de la misma manera. De hecho, pienso que la mayoría de los nominados en este evento se sintieron así en algún punto”.

Belmiro tenía razón; este sentimiento es muy común.

En cuanto mejor me va, más aumenta mi sentimiento de incapacidad, porque pienso: “en cualquier momento alguien descubrirá que soy un fraude total y que no merezco nada de lo que he conseguido” — Emma Watson (Hermione, activista feminista)  

No importa lo que hayamos hecho, siempre llega un momento en que piensas ¿Cómo he llegado hasta aquí? ¿Cuándo descubrirán que en realidad soy un fraude y me quitarán todo? —Tom Hanks (actor)  

He escrito 11 libros, pero siempre pienso “Oh, oh, ahora se darán cuenta, les jugué una mala broma a todos y me descubrirán”  — Maya Angelou (escritora, poeta y activista por los derechos civiles)  

La última vez que me sucedió a mí pensé algo como: “¿Para qué estás iniciando un blog? a nadie le interesará lo que escribes. Estás perdiendo tu tiempo”.

Si alguna vez sientes que no eres suficiente, que no mereces ese reconocimiento, que tus logros se deben a la suerte, claramente no estás solo/a, ¡Bienvenido al club!

¿Qué es el Síndrome del Impostor?

En 1978, un par de psicólogos identificaron y definieron esta condición como la incapacidad de las personas de internalizar el éxito, a pesar de ser altamente efectivas de manera externa y objetiva. 

El Síndrome del Impostor (S.I.) se manifiesta en pensamientos como: “¿Qué estoy haciendo aquí?, No doy la talla”, “no merezco esta oportunidad”, “Todo lo que conseguí fue por golpes de suerte y gracias a los que me ayudaron”, “Todos acá son tan capaces; pronto sabrán que yo no”. Esta voz te miente e impide que te sientas seguro y puedas abrazar tus victorias. 

Se estima que alrededor del 70% de las personas experimentaron esos sentimientos alguna vez en su vida. Quizás el problema más grande es que quien experimenta el S.I, piensa que es el único/a y en muchas ocasiones no lo externaliza.

Hoy en día, se discute y escribe mucho acerca del tema, especialmente en entornos donde se espera alto rendimiento, como en el área de la salud y la industria de la tecnología.

Inicialmente, se creía que solo afectaba a mujeres, pero nuevos estudios demostraron que también ocurre en hombres. Tampoco existe evidencia de que los grupos minoritarios o personas en edades específicas sean más propensos a experimentarlo.

La buena noticia es que cada vez hay más exposición y discusión para reconocerlo, y  más investigaciones formales para tratarlo desde el área clínica.

¿Cuáles son las causas?

No se sabe a ciencia cierta la razón del S.I. Sin embargo, se discuten ciertos indicadores, como por ejemplo, haber crecido en entornos excesivamente críticos, donde hubo sobrexigencia con el rendimiento escolar y otras actividades.

Dediqué mi vida a demostrar que era competente. Y por supuesto no funcionó, porque incluso cuando todas mis notas eran excelentes (10/10), mi padre me decía: “Bueno, la escuela a la que asistes debe ser bastante fácil”. — Lou Solomon @TEDxCharlotte, The Surprising Solution to the Imposer Syndrome.  

El entorno hostil en el que Lou creció, generó dentro de ella el hábito del perfeccionismo, esa autoexigencia insaciable. Afortunadamente, pudo reconocer esos pensamientos limitantes y sobrellevarlos. Discutiremos su método más adelante.

Otra posible causa es valorar los resultados por encima las personas. Por ejemplo, un ejecutivo de ventas, al que generalmente ignoran en la oficina, consigue subir sus números un mes. Eventualmente, le reconocen y felicitan, pero cuando sus ventas bajan, los miembros del equipo lo menosprecian de nuevo.

Al igual que los valores y cultura grupales, un bajo grado de sentido de pertenencia causa sentimientos de impostor. Por ejemplo, cuando inicié la carrera de ingeniería de sistemas, había un desequilibrio de sexo; de cada 10 personas, 3 eran mujeres y 7 eran hombres. Cada año había menos mujeres y en los últimos semestres no había ninguna.

Cuando le pregunté a una amiga por qué dejó la carrera, me dijo: “me frustra la programación y siento que no pertenezco aquí”. Claro, sentarse en frente de la compu y resolver problemas técnicos por horas no es para todos. Pero el entorno tampoco fomentaba seguridad e integridad. Recuerdo un docente decía que “las mujeres son mejores en áreas de humanidades”.

El sentido de pertenencia depende de dos cosas, de la seguridad en sí mismo, pero también de la seguridad psicológica del entorno. Imagina una familia de cristianos en la cual marginan a un agnóstico. O un grupo de amigos quienes hacen bullying a uno de los miembros porque tiene una apariencia distinta. Que aburrido estar donde no te tratan bien o no te ven como un igual. Lo irónico de esto es que, actualmente, mi amiga trabaja como programadora en una empresa de desarrollo de software como administradora de sistemas. En su momento no era ninguna impostora.

¿Cómo saber si lo tengo?

Si quieres tener una estimación de cuánto te afecta el S.I., puedes tomar esta corta prueba. Mi resultado al momento de escribir este artículo es 59/100, experiencia moderada.

¿Cómo combatirlo?

Lamentablemente, no es fácil deshacerse de la voz impostora. La buena noticia es que ahora sabes qué es y cómo se manifiesta. Este es primer paso:

Aprende a detectarlo

Escúchate, presta atención a tus emociones y a tu cuerpo, ¿Estoy dudando de mí?, ¿Me da ansiedad pensar en esa entrevista?, ¿Por qué no estoy participando en la reunión?. Es natural sentir algo de nervios, pero la crítica interna autosaboteadora no lo es.

El S.I. es común cuando en situaciones nuevas, especialmente cuando uno “transita a un nivel superior”. Por ejemplo, cuando inicias la universidad o comienzas un nuevo trabajo, sientes que no tienes idea de qué estás haciendo porque, objetivamente, eres nuevo o principiante.

Sea una situación nueva o cualquier otra, si no sientes que tienes el control, quizás la voz del impostor lo tenga. La clave es descubrirla infraganti y darle un nombre. En el caso de Lou se llama Vader; en el mío, se llama Grauss.

— “¿Qué estás haciendo?, ¿Quién te crees?, ¿Acaso eres un escritor?. Ni si quiera estudiaste algo relacionado con la escritura, nadie va a leer tus artículos”.

— “¡Ajá, nos encontramos otra vez, prro! Si quieres explicaciones, bueno, formalmente no soy escritor pero me divierte hacerlo. Así que documento mi aprendizaje y lo comparto para quien le interese. ¡btch!”.

En general, la conversación (monólogo) acaba preguntándole(me): “¿Algo más que decir?”. El 100% de las veces Grauss se esfuma. “Hasta la próxima”.

Con la práctica, reconocerás patrones y será cada vez más fácil descubrir el síndrome en acción. Cuando lo hagas, puedes aplicar la técnica de externalización (Grauss), que es una de varias maneras de mejorar cómo charlas contigo mismo.

Mejora tu diálogo interno

Sé amable contigo. Sé que es fácil decirlo, pero hacerlo es otra historia. Pero una buena técnica es pensar en un buen amigo e imaginar qué le dirías si estuviera en una situación de inseguridad por S.I. Ese tono y esas palabras compasivas, dítelas a ti mismo.

Controla tus estándares

Nadie es perfecto y la perfección no existe. Si eres un perfeccionista como yo, bájale uno, dos o tres cambios. Solía ser súper rígido y no podía siquiera considerar algo listo si no estaba excelente. Inicialmente, me daba pánico, pero bajar mis estándares a 9, 8, 7 (o menos dependiendo del caso) me ayudó a no ser tan duro y autoexigente conmigo. Y lo más importante, a avanzar a paso constante.

Evalúate objetivamente

En general, cuando surgen pensamientos negativos, lo mejor que podemos hacer es ser honestos y objetivos. ¿Esta autocrítica está basada en hechos o en suposiciones? Si sucedieron cosas en el pasado, puedes trabajar en construir y/o recordar el aprendizaje. Si estás suponiendo, lo único que queda es preguntar a quien está involucrado o tomar acción y aprender de los resultados.

Si estás en una situación nueva, prepárate, estudia, mejora tus habilidades, presta atención, pide ayuda y retroalimentación.

Para finalizar

El síndrome del impostor es un tipo de autosabotaje que evita que puedas abrazar tus logros a pesar de que objetivamente los mereces. Se manifiesta con sentimientos de ser un fracaso, no pertenecer y dudar de sí mismo. Es más común de lo que pensamos, solo que pocos lo compartimos.

Vale absolutamente la pena hacer el trabajo interno. En caso contrario, podrías jamás iniciar o completar ese proyecto que tienes en mente por tanto tiempo. Al combatir el S.I. podrás cultivar y compartir tu creatividad, podrás explorar y disfrutar de tu potencial.

La próxima vez que descubras al síndrome asomándose, ya sabes qué hacer.